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/ La Voz de Galicia, 19/08/2015
Una de las aves más amenazadas de la península ibérica, el Tetrao urogallus cantabricus o urogallo cantábrico, con presencia ya casi testimonial en territorio gallego, retrocede a mínimos debido principalmente a la caza masiva de ejemplares macho en época de cortejo. A esta conclusión han llegado un grupo de investigadores de la Universidad británica de Exeter, en el que un español, Rolando Rodríguez del Valle, cree que el futuro de esta ave galliforme, antes común en Os Ancares de Lugo, se encuentra cuestionado a medio plazo.
El estudio, publicado por el portal científico SINC y la revista Conservation Genetics revela que tras la caza de machos en época de reproducción se encuentra una de las principales causas de la regresión del urogallo cantábrico. La desaparición de los machos conlleva a una progresiva endogamia. Las hembras tienen menos pretendientes que escoger y su diversidad genética poco a poco se ve mermada. El trabajo advierte que, en contra de lo que se piensa que la caza produce efectos benéficos en la mayor parte de las especies cinegéticas, en el caso del urogallo no ocurre así. Los machos de esta ave pugnan con sus cantos entre la vegetación baja de las montañas para atraer a las hembras. La facilidad para detectar los cantaderos por parte de los cazadores hace que sean las piezas masculinas las que más sufran la merma.
«Comparamos la variabilidad genética de fragmentos de ADN nuclear, heredado de ambos progenitores, y de ADN mitocondrial, heredado solo de la madre, y hallamos una pérdida de variabilidad genética en ambos tipos», dice Maria José Bañuelos, de la Universidad de Oviedo, que aclara que el «esa pérdida se produjo antes en el ADN nuclear que en el mitocondrial, lo que sugiere que la población de machos se vio afectada antes que la de hembras», señala Bañuelos.
La caída constante en el número de machos reproductores desde 1958 ha sido preocupante. Si en esa época el urogallo mantenía presencia en casi toda la cordillera Cantábrica, ahora únicamente existen reductos de cría contados, como el valle de Laciana o el Alto Sil. La degradación de su hábitat, con la sustitución de especies arbóreas poco atractivas para el urogallo -que prefiere los bosques caducifolios- así como la fragmentación de su presencia, añaden más dramatismo para esta antigua especie que, según los muestreos más optimistas, contabiliza solo unos 500 ejemplares adultos en comarcas de Galicia, Asturias, Castilla y León, Cantabria, La Rioja y Pirineos. Como estocada, el calentamiento global no ayuda a un ave que tiene preferencia por un medio frío.
Un canto apagado en Galicia
La conservación del urogallo tiene además otro hándicap: es un ave que no se ha conseguido criar en cautividad. Mientras el oso pardo cantábrico va recuperando terreno año a año, a esta otra especie totémica del norte español le ha ocurrido todo lo contrario. En el caso de Galicia la situación es extrema. Los escasos avistamientos de urogallos en suelo galaico no son fiables desde el 2010, cuando se avistó a una hembra de pita de monte. Los expertos creen que está extinguida, aunque en 1980 la población de esta ave en Os Ancares ascendía a 50 ejemplares, y su descenso más significativo en la comunidad se produjo en la década de los 90 del siglo XX.
La UE ya intentó parar esta sangría a través del proyecto Life, pero los resultados en toda el área cantábrica han sido insuficientes hasta el momento. El resultado es que los urogallos más occidentales de Europa han perdido el 90 % de sus efectivos y, en el caso gallego, los científicos apuntan a que escuchar el canto de un macho de pita de monte sería hoy un auténtico milagro.